30.9.05

Insensatez

Lo despertó el grito o la antesala del grito, ese silencio previo como un pedacito de hielo resbalando por la espalda.
Hacía muchas noches que había dejado de tener miedo, la costumbre mata hasta eso.
Jugueteó con la idea de taparse hasta el flequillo con todas las frazadas y el acolchado y nada nada nada lo podía tocar, ni el círculo de luna que misteriosamente se colaba siempre por entre las cortinas.
Y como siempre Brasil volvió a inundar su mente. Brasil era donde nacían los sueños que no morían nunca, que ningún silencio o grito podían romper. Brasil tenía olor a tierra mojada y selva desatada, tenía olor a jaguar agazapado. Y ese inconfesable gusto a sangre.
Un golpe seco en el suelo de madera. Tampoco eso era nuevo, pero...
Estaba suficientemente lejos Brasil? Si se tapaba hasta el flequillo y apretaba los párpados lo más fuerte que se pueda en el mundo...
Pero Él se reía de sus juegos, Él nunca había creído en nada que no pudiera tocar. No, tocar no. Apretar entre las manos hasta que se destroce. Ahogar, masticar, matar.
El jaguar puede perforar con sus colmillos el cráneo de sus víctimas, recitó sin voz. La anaconda se enrosca alrededor de sus cuerpos y los sofoca, quiebra todos sus huesos hasta volverlos pulpa.
Él le había quebrado un hueso una vez. Lo había obligado a contar una historia sobre una caída de la bicicleta, demasiado verdín en el cordón, y claro, resbaloso. Ella había decorado su yeso con pájaros de colores y ojos de millares de criaturas de fantasía.
Sólo por eso y por su mano hábil recorriendo los bordes de cada raspón. Era su deber casi. Al mundo le importa poco si tenés 8 años o un millón, o si apenas te elevás del suelo un metro y medio. Los mejores enemigos nunca se meten con alguien de su tamaño.
Ni siquiera hundió los pies en las pantuflas de cocodrilo, ya no importaba en absoluto resfriarse. Y el jaguar y la anaconda con sus ojos brillando en cada rincón oscuro.
Por favor, por favor, que pueda, que lo encuentre, que me anime, por favor que se abra la tierra y esté en China, por favor que no haya infierno ni nada y que alguna vez pueda ver Brasil.
Sabía donde lo guardaba Él, no era ningún secreto. Le encantaba mostrárselo, pero no lo toques nunca porque te muelo a palos, pendejo. Y el asentía cada vez, con los ojos enormes.
Cuando lo tomó en las manos sintió el escozor de cada golpe. Era pesado, más pesado de lo que se imaginaba. Por favor, que pueda levantarlo, que pueda soportar el peso, que no me hunda en el piso que ahora es mar, no sé nadar como la anaconda y el jaguar.
Abrió la puerta y ya no podía dudar. La habitación olía vagamente a incienso y ron.
Apuntó al medio de su frente y disparó una dos seis veces, hasta que ya no había nada más que disparar, hasta que ya no había silencio más perfecto y apretó los ojos e igual lloraba pero te la buscaste, hijo de puta, te la buscaste papá y Brasil queda más cerca de lo que vos pensás.

29.9.05

Ella de noche

Final de la primavera y tu voz en el teléfono. Nunca te gustaron las flores si no son carnívoras.Tu pelo enmarañándose en los vientos arremolinados de tu otoño.
Abrí la puerta cuando muera el sol. No hay mejor guía que las nubes púrpuras para vos, en esa hora en la que despiertan las canciones.
El contrapunto de tus pasos acercándose con ese equilibrio frágil pero altanero. No, tus pies nunca se enredan.
La botella ya está vacía y el cenicero desbordado.
Ya es tiempo. Vení ahora.
Traeme tus ojos color vicio y tus alas que se desatan a medianoche. De la cordura no queda ni la sombra.
Buscá mi calle. Tropezá una vez más con ese puto escalón y pateá la puerta.
Ver la lluvia desbarrancándose desde tus pestañas y ese resto de maquillaje embarrándote la cara. Tu ropa empapada contra mí.
Llegá desnuda y feroz, atávica. Una diosa sedienta de sangre.Que tus besos sean mordiscos y tus ojos humo. Y el resto deseo.
Enloqueceme. Volvete carne y dientes para devorarme. Confundite en la oscuridad, agazapada entre mis sábanas.
Sé que te rendís sólo para volver al ataque. Voy a conquistar tu piel más profunda, soñarte mía por un rato.
El eco de tu risa borracha entre mis paredes. Ya no hay defensas, la luna cae. Tus ejércitos bostezan y te acurrucás sobre mí. Cada vez más cerca. Los demonios de tus sueños te mordisquean los talones. Vas a abrazarme cuando lleguen a tu ombligo.
Hablás dormida en lenguas que los mortales desconocen. Tu pelo es esa caricia que tus ojos abiertos negarían. Voy a hundir la nariz en tu piel hasta que no pueda sentir nada más que tu olor. Tal vez le cuente a tus orejas de las ternuras que jamás te dejaría escuchar. Por una hora o dos vamos a ser nudo, un monstruo palpitante, mar de piernas adormecido en el murmullo de una respiración al unísono.
Pero no vas a olvidarte –nunca te olvides- de irte antes de que el amanecer se destroce en mi ventana.
Me despierto solo.

No hero in her sky

Polaroids imaginarias en una pared que podría ser mía.
Tu pelo desparramado en el pasto. Reís. Sin poder parar reís. Todo todo todo es luz y no luna. Todo es voz, y vos. Y rodar hasta embarrarnos de sol.
Tu mano si caigo. Mi abrazo si huís. Cada silencio una canción, maricona y un poco demasiado feliz.
Una mañana, o todas, que es lo mismo. Amanecerte.
Y si abrís los ojos, reírme a carcajadas de los que no se atreven a mirar el sol de frente. De los que necesitan respirar fuera del mar.
Tu gusto a sal. Tu lágrima en mi beso. La insolencia de ya nunca estar intacto. Poderte llorar.
Pero esta ceguera feroz. Un cigarrillo más. La vida es tan fácil, en general. Escribir el decálogo del perfecto extraño, exiliarte de mi pensar. Nena, la posesión es muerte irreversible. Un barco sin anclas jamás puede naufragar.
Es así. Sin empezar no hay punto final. No voy a enfrentarme a las mareas del viento. El heroísmo no es mi estilo, vos sabés. Prefiero mi cajón de promesas rotas, mis juguetes efímeros, perderme en Nunca Jamás. Siempre fuimos buenos para el olvido.
Debajo de la máscara otra máscara y así hasta la eternidad. El espejo está vacío pero tengo un lápiz de pintar estrellas. Nadie necesita más.
Apretar los párpados para que te desclaves de mis pupilas. Aunque me tenga que morder los labios hasta que sangren.Si te dijera alguna vez que las fronteras no existen se borrarían los mapas que dibujé en tu espalda?
Y quién dice que la gloria no es esto? Un dibujo borrado por la lluvia en la ventana de un bar. El testigo eterno. Fuga y contrafuga. Castillo de arena y olas. La magia caprichosa del deseo. Sin nombres, sin preguntas, sin atrás.
Amor, mi amor, las palabras son mentira. Tantos misterios muertos. Sólo la piel grita la verdad. Incandescente.

16.9.05

Playing God

… lo cual inevitablemente lo lleva a preguntarse por qué esa estúpida necesidad de fronteras y Pola París o Maga Marte, si él no puede sacar los ojos –y los sentidos y los impulsos y, en fin, what makes him tick- de Kamchatka lejana pero le gusta pasar horas buscando su reflejo –y por qué no su anti-reflejo, ese no ser y salir un poco del ombligo que mal no viene, che- distorsionado en los canales de Venecia.
Pobre titiritero de sombras, se le enriedan los hilos. Teniendo enfrente los colores verdaderos se resigna al daltonismo. Siempre hay algo irritantemente conmovedor en el verdugo abandonándose a la autocompasión.
Pero heroico, eso sí. Desde el colectivo ve una chica anónima que llora, sentada en un escalón más anónimo todavía, y amaga bajarse, inventarle un nombre o regalarle una piedrita de colores. Pero no. Trabajo-ya van varios tardes en estas últimas semanas- cuándo vas a crecer?- ya va siendo hora de que te responsabilices- y quién quiere más problemas justo ahora que… Admitilo. Si hubiese sido irremediablemente fea ni se te habría ocurrido. Y no, no protestes inocencia, save that for naive souls.
Ja, mirá como el recorrido va cobrando sentido de golpe, las distancias tan relativas y el mundo es un pañuelo.
Ladrón consciente pero culpógeno, siempre fuiste el mismo cobarde. Las palabras no tienen dueño, ni las mujeres, ni… Sí, tantas excusas para ser un reverendo hijo de puta. Hay que reconocer que es vivo el pibe.
Ya podrías ir quemando la piel de cordero, sería un poco más sincero. O no. Sí, odiamos las rimas internas. Beware.
La cuerda floja siempre tan tensa, tan tiza, tan nada.
Sueño. Tanto tanto sueño. Pero también pesadilleo, no te confundas. Y siempre vos clavada en el medio de la hoja; mariposa o alfiler, depende del día.
Mejor de la noche, más pasional, que eso sigue siendo lo mejor que tenemos. Además de la piel, claro, y esta capacidad inmensa de arrancárnosla a dentelladas.
Sí, también puedo ser cursi, lo sabés. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
Basta para mí.

The worst kind of guy for you to be around

No se puede vivir cerca de in titiritero de sombras, de un domador de polillas. No se puede aceptar a un tipo que pasa el día dibujando con los anillos tornasolados que hace el petróleo en el agua del Sena. Yo, con mis candados y mis llaves de aire, yo, que escribo con humo. Te ahorro la réplica porque la veo venir: No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor, o en la amistad. Ya va siendo tiempo de que me dejen solo, solito y solo. Admitirás que no me ando colgando de los levitones. Rajá, hijo de Bosnia. La próxima vez que me encontrés en la calle no me conozcas.

Julio Cortázar, Rayuela

13.9.05

Salvo el crepúsculo...

Y te enroscas, dormida insomne, en una caracola para seguir soñando que nada, que nadie, puede atravesar tus muros. Y sin embargo esa chispa en tu voz esperando ser abrazo.
Bailando sola una sonata despiadada. Te gusta enredarte entre cuerdas invisibles, barrilete entre los cables, olvidado de todo salvo del viento.
Sabés que es una ilusión. La soledad es mentira.
Y tantas luces que nunca se apagan, nunca jamás.
Y olfateas excesos buscando la magia que antes brotaba del aire. No estás muerta, no estás azul.
Estás. Y con eso alcanza para una sonrisa.

Y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar...

Te dejo mis ojos apagados, donde habitaba el fuego.
Te dejo los restos de un hilo dorado que se extendía de mi ombligo al infinito, hasta encontrarte.
Te dejo las mentiras, todas tienen al final el rastro de tu rouge endemoniado.
Te dejo las preguntas, todos los por qué. Ya no tengo fuerza para seguir golpeando el silencio.
Te dejo mis alas, perfectamente dobladas, y la euforia del viento en la cara.
Te dejo los recuerdos: el Colón Sauternes y tu risa, tus ojos de pantera a la luz de las velas, los idiomas de fantasía que sólo podían hablar de placer, el ronroneo tan tuyo de mañanas ya lejanas, cada beso que era el primero, las ansias de mi boca, mis dedos dibujando en tu cintura, tus pies descalzos bailando hasta fundirse en olas, ese llanto disfrazado de abrazo mientras me esperabas en una habitación de hotel, las caricias clandestinas, tu voz en el teléfono arrancándome de las pesadillas. Y toda la intensidad, toda la intensidad que exista en esta vida.
Te dejo todas las canciones para susurrarte al oído, la magia de tu piel y la mía.
Te dejo la ingenuidad devastadora, todos los soles que ya no matan mi frío, cada lluvia sobre mi techo y estas ganas de gritar de soledad y olvido.
Te dejo mis palabras, lo que más amabas, y este amor que soñé invencible.
El resto es rabia y naufragio, una bola de plomo que antes era latido.

When the music’s over, turn off the lights.